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Alistando el teclado

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Daria J. Buñuel del perpetuo Humero

miércoles, 6 de junio de 2012

Colombia: ‘Artivismos’ Heterodisidentes

in COLOMBIA, 07/05/2012

La relación entre arte y política ha sido objeto de numerosas discusiones desde hace varias décadas y ha suscitado diversas posiciones. Las que consideran que las producciones artísticas deben ser valoradas fundamentalmente por sus cualidades estéticas y aquellas que defienden la necesidad de que los y las artistas ejerzan un papel activo en la crítica social y cultural, son las más destacadas.

Fuente: CLAM

Pese a que la discusión está lejos de ser zanjada, en la actualidad existe un cierto consenso respecto a que el arte tiene una existencia política o que, por lo menos, es indisociable de su contexto ideológico de producción. En este sentido, se ha desconfiado cada vez más de su supuesta neutralidad y en su lugar se lo ha visto como un campo en el que se movilizan discursos que reafirman y cuestionan relaciones de poder. Una muestra de ello la encontramos en el creciente reconocimiento de su potencial político en el seno de organizaciones y movimientos sociales, cuyos activismos se apoyan cada vez más en prácticas artísticas.
Esto ha dado lugar a la aparición de diversas categorías para referirse a este fenómeno, como las de ‘arte político’, ‘intervención artística’ –en este caso referida a las acciones de artistas “políticamente comprometidos” con una determinada causa–, ‘arte activista’, que según Teresa de Jesus Batista Vieira se desarrolló a partir de las revueltas de mayo del 68 y se articuló posteriormente con el feminismo en los años setenta, la ecología en los ochenta y en los años siguientes con el VIH/Sida, el capitalismo y la industrialización de la cultura, entre otros. Uno de los vocablos más recientes es “artivismo”, neologismo que condensa las palabras “arte” y “activismo” para referirse, como señala Vieira, al arte con “preocupaciones políticas y de resistencia cultural”.
A nivel regional, en países como Argentina, Chile, México, Perú y Colombia, entre otros, encontramos numerosas iniciativas que si bien puede que no se definan a sí mismas como artivistas, constituyen importantes ejemplos sobre el carácter productivo de los cruces entre arte y activismos feministas, LGBTI y de disidencia sexual. En este último país, Mujeres al Borde ha sido una de las organizaciones con mayor trayectoria al respecto. El año pasado puso en marcha la Escuela Audiovisual al Borde, un proyecto comunitario de producción audiovisual y política, que involucró a organizaciones de Colombia y Chile.
En entrevista con el CLAM, Ana Lucia Ramírez Mateus, una de las coordinadoras generales de Mujeres AL BORDE, habla sobre el nacimiento, enfoque y perspectivas de este proyecto y reflexiona sobre el papel de las prácticas artísticas en el activismo por los derechos de las personas LGBTI.
¿Cómo surgió la propuesta de crear la Escuela Audiovisual Al Borde y de vincularla con el activismo de otros países?

Durante 9 años realizamos un esfuerzo muy grande para sostener AL BORDE Producciones con recursos propios y con equipos audiovisuales caseros. A pesar de la precariedad económica y técnica, logramos convertirnos en pioneras en el artivismo audiovisual liderado por mujeres heterodisidentes en Colombia, sosteniendo una producción permanente –principalmente de cortometrajes documentales y spots– y creando alianzas e intercambios con organizaciones amigas en otros países de la región, que también veían en la producción audiovisual una forma importante de visibilidad social y de agencia política.
Durante ese decenio de trabajo tomamos conciencia de un fenómeno cultural y político que nos sigue preocupando mucho y que fue básico para el nacimiento de la Escuela Audiovisual AL BORDE: las mujeres con sexualidades disidentes, así como las personas trans e intersex de América del Sur, enfrentan muchas dificultades en la producción de audiovisuales que les permitan hablar sobre sí mismxs*, más aún cuando buscan propiciar cambios sociales, sexuales y políticos.
Nuestras imágenes y voces en las pantallas de cine, televisión e internet siguen siendo mayoritariamente suplantadas y apropiadas por discursos lesbofóbicos, sexistas, heteronormativos, victimizantes, racistas, clasistas, colonizadores y patologizantes. Además, sigue existiendo una brecha tecnológica y de acceso al conocimiento y a los medios de producción muy grande respecto a las comunidades de mujeres y de personas trans e intersex que viven en países industrializados. De ese modo, las pocas historias LBTIQ [lesbianas, bisexuales, trans, intersex y queer] que nos llegan a través de internet o de los festivales de cine y video en nuestras ciudades corresponden principalmente a realidades de Estados Unidos y Europa, que aunque tienen puntos en común, no son las nuestras.
Creemos que esto tiene que ver con exclusiones y violencias de género, orientación sexual, raza, clase, económicas y geopolíticas, que se entrelazan y se refuerzan, y que invisibilizan nuestras experiencias, nuestras existencias diversas y múltiples, y nos aíslan lxs unxs de lxs otrxs, lo que nos impide desarrollar procesos de liderazgo y creación y reconocer nuestro aporte desde América del Sur a la producción de discursos, de arte, de conocimientos y de acciones que movilicen cambios en las desigualdades del mundo.
La Escuela busca darle la vuelta a esta situación a través de un proceso de formación y creación audiovisual comunitaria. En Mujeres AL BORDE nos proponemos “entrenar” activistas bisexuales, pansexuales, lesbianas, heterodisidentes, tortilleras, trans, intersex, queer, travestis de ciudades sudamericanas en la realización/artivismo audiovisual, así como en la producción, financiación y distribución de sus documentales. Compartimos con ellxs nuestros recursos humanos, técnicos y económicos para que juntxs produzcamos sus historias audiovisuales.
Otra razón para llevar la Escuela a otras ciudades de América del Sur es que contribuye a tejer afectos y deseos comunes desde el quehacer audiovisual, más allá de las fronteras impuestas por los Estados. También queremos aportar a la renovación de las formas de hacer activismo contrasexual y transfeminista en nuestros países, estimulando nuevos artivismos y la creación de vínculos vivos entre nosotrxs, así como complicidades basadas en la libertad, la autogestión, la reciprocidad, el reconocimiento mutuo de experiencias, memorias, cuerpos y luchas diversas, para que configuren redes alternativas y autónomas de intercambios afectivos, estéticos y políticos.
Para nosotrxs la Escuela es un acto profundamente revolucionario y nos anima mucho ver cómo de forma colectiva y comunitaria estamos subvirtiendo este sistema injusto y violento. Nuestras cámaras y micrófonos son cómplices para señalar el mundo que rechazamos y quebrarlo o, mejor aún, para comenzar a crear el que deseamos: el mundo AL BORDE.
¿Qué lugar cree que ocupan las prácticas artísticas en las luchas de colectivos LGBTI colombianos y chilenos?

Esta es una pregunta bastante amplia y difícil de responder con precisión. Por ello la acotaré a estos 10 años de trabajo y vinculación con colectivos de lesbianas, bisexuales, personas trans y gays en Bogotá y en los últimos 2 años con colectivos de personas trans y tortilleras en Santiago de Chile. Pero antes, es importante aclarar que muchos colectivos no nos asumimos como “LGBTI”, aunque nuestras luchas estén conectadas o enmarcadas en estos movimientos sociales. Este es el caso de otros colectivos a los que quisiera hacer alusión más adelante.
Haciendo una retrospectiva desde cuando empezamos a hacer activismo como Mujeres AL BORDE hasta hoy, podemos decir que en Bogotá se han ido apropiando de forma paulatina las prácticas artísticas, principalmente, como espacios para la visibilidad social. Algunas de estas experiencias se han entendido cada vez más a sí mismas y han obtenido reconocimiento como lugares para la acción, la transformación, la movilización política y la construcción de procesos comunitarios.
Sin embargo, estas iniciativas suelen durar poco tiempo debido a varios de los aspectos mencionados en la respuesta anterior. Por ejemplo, en los últimos años, la Alcaldía de Bogotá y las alcaldías locales estimularon de forma nunca vista la producción de festivales LGBTI que involucran lo artístico, así como procesos de creación artística dirigidos a personas lesbianas, gays, bisexuales y trans, lo cual es positivo. No obstante, no tenemos conocimiento de acciones como éstas que se hayan originado –hasta el momento– en artivismos de largo aliento.
Hemos encontrado mayores posibilidades de crecimiento, fortalecimiento y expansión en iniciativas que nacen del deseo, la autogestión y la complicidad con otrxs, de los experimentos creativos en la casa de algunx amigx y de los sueños que se comparten y se comienzan a hacer realidad por el puro placer de llevarlos a cabo, que en las iniciativas que responden principalmente a un plan de desarrollo institucional o a la necesidad que tienen las organizaciones de acceder a recursos económicos básicos para su sostenimiento. Lo más rico es la diversidad de prácticas artísticas que hemos visto en acción para promover cambios sociales. Como prueba de esto quisiéramos destacar procesos que han perdurado y que consideramos propuestas de arte y activismo potentes y placenteras, también emparentadas o claramente posicionadas desde los feminismos, como las del colectivo Udiversia, el Toque Lésbico, la de nuestro propio grupo y escuela Queer Teatro Las Aficionadas y más recientemente la de las Lobas Furiosas.
En Santiago de Chile conocimos grupos de disidencia sexual y de género, trans, travestis y tortilleras con propuestas innovadoras, que han representado para nosotrxs la posibilidad de entablar diálogos con nuevas ideas, experiencias y motivaciones. El trabajo con el cuerpo y la experiencia propia como obras, soportes y creaciones artísticas lo hemos encontrado en SubPorno, Garçons, y en una propuesta de artivismo itinerante que se originó en Argentina y que estuvo en Chile en 2011, el Festival ¿Anormales? Este último no produce arte en sí, aunque estimula su producción mediante la apertura de espacios para la difusión de obras artísticas en formatos diversos y de diversas partes del mundo, generando cruces entre arte, sexualidades disidentes, cuerpos transexualizados, propuestas de-generadas y postfeministas.
Ustedes afirman que la Escuela Audiovisual Al Borde se enmarca en un enfoque postfeminista con perspectiva de derechos humanos, que vincula arte y micropolítica. ¿Cómo se articulan estos elementos en su propuesta?

Sí, entrecruzamos la práctica artística audiovisual con nuestros feminismos fronterizos o al borde, que emergen de nuestras propias experiencias vitales, corporales, del deseo que transita por la indefinición, la ambigüedad, la sospecha y el desacato a las categorías del género y de la sexualidad. Tenemos la intención explícita de que los documentales producidos en la Escuela abran caminos a nuevas posibilidades para la vida y creemos que esos caminos pueden ser transitados con pleno placer si, mientras lo hacemos, vamos deshaciendo el patriarcado y proponiendo nuevas opciones para no ser más “las mujeres” ni “los hombres” útiles para el funcionamiento y la reproducción de este sistema opresor que se conecta con otros.
El artivismo es un lugar privilegiado para la micropolítica. Nos distanciamos de formas tradicionales de activismo que se posicionan con relación al Estado como interlocutor central, a quien se le exige, se le demanda, se lo confronta. En este caso privilegiamos ponernos en relación entre nosotrxs mismxs como cómplices que imaginamos, narramos y creamos juntxs imágenes y palabras que se conectan con nuestros propios cuerpos, deseos, memorias, subjetividades y con lxs de otrxs a quienes tampoco les interesa normalizarse.
¿Cuáles son las ventajas de usar un lenguaje artístico, en este caso cinematográfico, para hacer activismo sexo-político respecto al lenguaje empleado en medios académicos y formas de activismo tradicionales?

Las ventajas o las diferencias no están dadas exclusivamente por el tipo de lenguaje, sino también por la forma como ese lenguaje se comparte, se crea y se practica comunitariamente, así como se lleva a la vida cotidiana, a la memoria, al cuerpo y a la experiencia propia.
Por ejemplo, en la Escuela le apostamos al género del documental autobiográfico para mostrar cómo nuestras memorias íntimas están ligadas a las luchas políticas de nuestras comunidades y que compartirlas es un acto transgresor en una sociedad que ha subvalorado, acallado o, más bien, suplantado nuestras formas de conocimiento. Este ha sido un ejercicio de buscar nuestra propia voz y nuestras formas de decir: esta es mi historia, así es como yo me he transformado a mi mismx y he transformado el mundo; se trata de crear nuestra voz y nuestra imagen para nosotrxs mismxs. Es algo que muchas veces se olvida en los activismos tradicionales o en los medios académicos, donde es común hablar en nombre de alguien más. Esto disminuye las posibilidades de generar procesos horizontales de creatividad, afecto y transformación compartida.
El proceso de hablarse y de verse a sí mismx en el espacio de la creación audiovisual, moviliza cambios personales e íntimos que se generan entre quienes hemos formado parte de la Escuela –y esto pasa también en la Escuela de teatro AL BORDE–, cambios claves que permiten a nuestros activismos pasar del discurso a la práctica y asegurar transformaciones sociales, emocionales, políticas, culturales, simbólicas y materiales profundas. Son estos cambios micropolíticos los que hacen posible la existencia de personas con liderazgos, capaces de enfrentar al Estado y demandar de él leyes justas, o de decir: “del Estado no quiero nada, yo transformo la realidad cuando no acepto o no pacto con ningún poder”. Son estos cambios interiores los que hacen inaceptable la injusticia, la violencia, la discriminación y nos enseñan que tenemos y podemos hacer lo necesario para que esas situaciones cambien.
Una ventaja de emplear este lenguaje en nuestro activismo es la posibilidad que brinda de narrar cosas muy complejas de formas sencillas, permitiendo que las realidades de lxs realizadorxs y lxs espectadorxs se hagan más próximas. Así, al emplear la narración audiovisual, conceptos teóricos como violencia simbólica, sujetos abyectos, sistema sexo/género/deseo y biopoder, o reivindicaciones políticas poco comprendidas por el “común” de la gente como la despatologización de las identidades trans o la apuesta a una sociedad contrasexual pueden ser compartidas de formas creativas, sensoriales y emocionales. Esto las hace más comprensibles y concretas, ya que aparecen encarnadas en la experiencia de alguien que me está contando su historia, que es un aspecto clave para que el nivel de impacto sea otro, quizás inmediato pero momentáneo, a veces más lento pero más profundo. La idea es que algo dentro de las personas haga “clic” y se comience a dar un cambio, una mirada nueva, algo que no podemos medir, pero que sabemos que pasa y queremos que nuestros videos AL BORDE logren.
¿Cómo se sitúa la Escuela Audiovisual al Borde respecto a proyectos como el Ciclo Rosa?

En sus dos versiones, académica y cinematográfica, el Ciclo Rosa ha sido importante en nuestro trabajo, porque ha garantizado espacios de circulación de audiovisuales con temática LGBTI en varias ciudades de Colombia, así como de producción de conocimiento desde un saber académico en torno a los derechos de las personas LGBTI, tanto en el país como en la región. En la producción de conocimientos, el Ciclo Rosa ha involucrado y reconocido los activismos, las experiencias concretas de las personas y las creaciones artísticas.
En 2010, por ejemplo, fuimos invitadxs a Medellín a la conmemoración de los 10 años del Ciclo Rosa y allí relanzamos otro de nuestros proyectos de arte y activismo: Cuentos para una niñez AL BORDE.
Hemos sido muy afortunadxs al coincidir con el tiempo de vida del Ciclo Rosa, que nos lleva 2 años de diferencia. Especialmente en los primeros años de nuestro grupo, este fue un espacio para nutrirnos, reconocernos, reflexionar sobre la potencia política de nuestro trabajo y también para compartir con el público año tras año en las salas de cine nuestras producciones. En ese momento, la participación en las convocatorias a realizadores colombianxs del Ciclo de Cine Rosa era nuestra gran motivación. Sabíamos que era una oportunidad para dar a conocer nuestra producción y esperábamos que impactara a la gente, la cambiara de algún modo, les moviera las ganas de ser libres, de revolucionar el mundo con su deseo no heterosexual, de no doblegarse ante la lesbofobia, ni la homofobia. Queríamos que se burlaran de las normas y desearan romperlas.
Siempre salimos de las proyecciones llenas de energía y con deseos de hacer cosas nuevas para el año siguiente. Era emocionante ver a más de 100 personas conectarse con nuestros cortos, con nuestras historias y emocionarse al ver que esas calles, las de la película, eran las mismas calles de la ciudad por donde ellxs caminaban todos los días. Ahí entendimos por qué los Festivales de video que le apuestan a “hacer visible lo invisible” son vitales tanto para quienes producimos como para el público y nos convencimos de la necesidad de incluir muchas más películas de documental, de ficción, de animación y experimentales hechas en América Latina y el Caribe.
El Ciclo Rosa fue y sigue siendo una de nuestras más importantes escuelas como realizadorxs y artivistas audiovisuales. En ese sentido, podemos decir que la Escuela Audiovisual AL BORDE se sitúa respecto del Ciclo como la maduración de los aprendizajes y los sueños producto de nuestra participación permanente en esta iniciativa.
¿Cuáles son las perspectivas del proyecto?

Soñamos con que la Escuela Audiovisual AL BORDE continúe su itinerario por diversas ciudades de América del Sur (también del Centro y del Caribe), encontrando en cada ciudad nuevxs cómplices: disidentes del género y la sexualidad que deseen producir audiovisuales contando sus historias, compartiendo su memoria, explorando su voz propia, con plena conciencia de su valor político y revolucionario. ¡Es urgente que nuestras historias existan, sean vistas, escuchadas y también que seamos nosotrxs mismxs quienes las contemos!
Deseamos que estas producciones AL BORDE recorran el mundo aportando a la producción y circulación de conocimientos, voces y experiencias transformadoras, críticas, liberadoras, subversivas, estimulando procesos de cambio personal y colectivo a donde quiera que lleguen.
En 2011, durante la primera experiencia de la Escuela, realizamos 7 cortos documentales: 3 en Bogotá y 4 en Santiago de Chile. Para 2012 nos hemos propuesto realizar 10 cortos más: 5 en Asunción y 5 en Quito. Cabe aclarar que esta experiencia no habría sido posible sin el apoyo de la organización MamaCash.
* En algunas frases, la “x” será empleada como sustituto de los marcadores de género “a” y “o” en concordancia con el uso dado por la entrevistada a esta letra.

martes, 29 de mayo de 2012

Los Nadies (Liliana Felipe - Eduardo Galeano)

Sueñan las pulgas con comprarse un perro y sueñan los nadies con salir de pobres, que algún mágico día llueva de pronto la buena suerte, que llueva a cántaros la buena suerte; pero la buena suerte no llueve ayer, ni hoy, ni mañana, ni nunca, ni en lloviznita cae del cielo la buena suerte, por mucho que los nadies la llamen y aunque les pique la mano izquierda, o se levanten con el pié derecho, o empiecen el año cambiando de escoba.
Los nadies: los hijos de los nadies, los dueños de nada.
Los nadies: los ningunos, los ninguneados, corriendo la liebre, muriendo la vida, jodidos, rejodidos:
Que no son, aunque sean.
Que no hablan idiomas, sino dialectos.
Que no profesan religiones, sino supersticiones.
Que no hacen arte, sino artesanía.
Que no practican cultura, sino folklore.
Que no son seres humanos, sino recursos humanos.
Que no tienen cara, sino brazos.
Que no tienen nombre, sino número.
Que no figuran en la historia universal, sino en la crónica roja de la prensa local.
Los nadies, que cuestan menos que la bala que los mata.

Eduardo Galeano.

lunes, 28 de mayo de 2012

BIOPOLÍTICA

El primer programa del ciclo: “Filosofía en Colombia” estuvo dedicado al concepto de biopolítica, acuñado por el filósofo francés Michel Foucault, y sus posibles usos como herramienta de análisis para la sociedad colombiana. En una primera parte, la discusión se centró en las diversas acepciones que ha tenido el concepto de biopolítica por parte de otros filósofos como Giorgio Agamben, Roberto Espósito, Donna Haraway y Antonio Negri. Contamos con la conducción del profesor Santiago Castro, de la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad Javeriana, quien conversó sobre estos temas con los profesores Carlos Manrique del departamento de filosofía de la Universidad de los Andes, Gustavo Chirolla de la Facultad de filosofía de la Universidad Javeriana, Carlos Noguera de la Facultad de educación de la Universidad Pedagógica Nacional y Amalia Boyer del departamento de filosofía de la Universidad Javeriana. Bienvenidos

Amalia Boyer Realizó sus estudios superiores en Filosofía y letras. PhD en Filosofía de la Universidad de Warwick, es profesora asociada en el área de la filosofía francesa contemporánea, filosofía política, el pensamiento del Caribe y la filosofía feminista en la Facultad de Filosofía de la Pontificia Universidad Javeriana de Bogotá, donde dirige el “Núcleo de investigación en Estética”. Dentro de sus publicaciones recientes se destacan: “Por una teoría de las ideas como actos de creación y de resistencia” (2009) y “Ontología y democracia. De Spinoza a Negri” de 2008.

Carlos Andrés Manrique, es Ph.D y Master of.Arts en Filosofía de la Religión de la University of Chicago. Sus líneas de Investigación son: Fenomenología, Filosofía Política Contemporánea Teoría Crítica y Filosofía Moderna de la Religión. Es Master of. Arts en Filosofía de la Religión, University of Chicago.

Gustavo Chirolla es Filósofo de la Universidad Javeriana. En 1998 ganó una beca del Ministerio de Cultura para realizar la investigación titulada: “El cuerpo: fabrica del yo”. En 2002 publicó un libro sobre Gilles Deleuze y J. F. Lyotard. Hace parte del grupo de investigación en biopolítica y formas de vida, y actualmente dicta un seminario sobre este tema en Giorgio Agamben. Realiza actualmente su tesis de Doctorado sobre los conceptos de vida y política en Gilles Deleuze.

Carlos Noguera Ramirez es Licenciado en psicología y pedagogía de la Universidad Pedagógica Nacional, Magister en Historia de la Universidad Nacional de Colombia y doctor en Educación de la Universidad Federal De Rio Grande Do Sul. Investigador del Centro de Investigaciones de la Universidad Pedagógica, ha publicado entre otros artículos: “Movimiento Pedagógico, investigación y políticas educativas” (2002) y ”La investigación educativa y pedagógica durante la última década. Del Movimiento Pedagógico a los grupos de excelencia” en 2001

En la última parte del programa, nuestros invitados debatieron acerca del uso del concepto de Biopolítica para pensar algunos problemas pertinentes a la sociedad colombiana como son el tema de exclusión de género, salud, educación y violencia política.

Michel Foucault y la colonialidad del poder







Transdisciplinariedad - Santiago Castro Gómez

ATRAVESANDO DISCIPLINAS

Este trabajo pretende ser una reflexión crítica sobre la práctica de los estudios culturales y
la relación que esta tiene con otras disciplinas. Particularmente se enfocará en el tema de la
transdisciplinariedad como una opción ético-política que le permite a los estudios culturales
pensar y actuar en la época contemporánea. En otras palabras, es sólo en tanto opción ética
y política que se justifica la invitación que los estudios culturales hacen a las disciplinas y a
las instituciones productoras de saber para que éstas se construyan a sí mismas a partir de la
transgresión permanente de sus propias fronteras y del diálogo entre saberes.

Para tal fin el artículo se desarrollará de la siguiente forma. Primero se hará una breve
reflexión sobre el concepto de transdisciplinariedad y su relación con los estudios
culturales. Segundo se hará un estudio del modo en que la transdisciplinariedad ha sido
aplicada y discutida en Colombia con relación a los estudios culturales, tomando el ejemplo
de la Universidad Javeriana. Y finalmente se darán unas breves conclusiones.

viernes, 25 de mayo de 2012

¡Se ha equivocado de baño!



BASURA Y GÉNERO. MEAR/CAGAR. MASCULINO/FEMENINO

Por Beatriz Preciado



Más acá de las fronteras nacionales, miles de fronteras de género, difusas y

tentaculares, segmentan cada metro cuadrado del espacio que nos rodea. Allí

donde la arquitectura parece simplemente ponerse al servicio de las necesidades

naturales más básicas (dormir, comer, cagar, mear..) sus puertas y ventanas,

sus muros y aberturas, regulando el acceso y la mirada, operan silenciosamente

como la más discreta y efectiva de las "tecnologías de género."(1)

Así, por ejemplo, los retretes públicos, instituciones burguesas generalizadas

en las ciudades europeas a partir del siglo XIX, pensados primero como

espacios de gestión de la basura corporal en los espacios urbanos (2) , van a

convertirse progresivamente en cabinas de vigilancia del género. No es casual

que la nueva disciplina fecal impuesta por la naciente burguesía a finales del

siglo XIX sea contemporánea del establecimiento de nuevos códigos

conyugales y domésticos que exigen la redefinición espacial de los géneros y

que serán cómplices de la normalización de la heterosexualidad y la

patologización de la homosexualidad. En el siglo XX, los retretes se vuelven

auténticas células públicas de inspección en las que se evalúa la adecuación

de cada cuerpo con los códigos vigentes de la masculinidad y la feminidad.

En la puerta de cada retrete, como único signo, una interpelación de

género: masculino o femenino, damas o caballeros, sombrero o pamela,

bigote o florecilla, como si hubiera que entrar al baño a rehacerse el género

más que ha deshacerse de la orina y de la mierda. No se nos pregunta si vamos

a cagar o a mear, si tenemos o no diarrea, nadie se interesa ni por el color ni

por la talla de la mierda. Lo único que importa es el GÉNERO.

Tomemos, por ejemplo, los baños del aeropuerto George Pompidou de Paris,

sumidero de desechos orgánicos internacionales en medio de un circuito de

flujos de globalización del capital. Entremos en los baños de señoras. Una ley no

escrita autoriza a las visitantes casuales del retrete a inspeccionar el género de

cada nuevo cuerpo que decide cruzar el umbral. Una pequeña multitud de

mujeres femeninas, que a menudo comparten uno o varios espejos y

lavamanos, actúan como inspectoras anónimas del género femenino controlando

el acceso de los nuevos visitantes a varios compartimentos privados en cada

uno de los cuales se esconde, entre decoro e inmundicia, un inodoro. Aquí, el

control público de la feminidad heterosexual se ejerce primero mediante la

mirada, y sólo en caso de duda mediante la palabra. Cualquier ambigüedad de

género (pelo excesivamente corto, falta maquillaje, una pelusilla que sombrea

en forma de bigote, paso demasiado afirmativo…) exigirá un interrogatorio del

usuario potencial que se verá obligado a justificar la coherencia de su elección

de retrete: "Eh, usted. Se ha equivocado de baño, los de caballeros están a la

derecha." Un cúmulo de signos del género del otro baño exigirá

irremediablemente el abandono del espacio mono-género so pena de sanción

verbal o física. En último término, siempre es posible alertar a la autoridad

pública (a menudo una representación masculina del gobierno estatal) para

desalojar el cuerpo tránsfugo (poco importa que se trate de un hombre o de

una mujer masculina).

Si, superando este examen del género, logramos acceder a una de las cabinas,

nos encontraremos entonces en una habitación de 1x1,50 m2 que intenta

reproducir en miniatura la privacidad de un váter doméstico. La feminidad se

produce precisamente por la sustracción de toda función fisiológica de la

mirada pública. Sin embargo, la cabina proporciona una privacidad únicamente

visual. Es así como la domesticidad extiende sus tentáculos y penetra el espacio

público. Como hace notar Judith Halberstam "el baño es una representación, o

una parodia, del orden doméstico fuera de la casa, en el mundo exterior" (3).

Cada cuerpo encerrado en una cápsula evacuatoria de paredes opacas que lo

protegen de mostrar su cuerpo en desnudez, de exponer a la vista pública la

forma y el color de sus deyecciones, comparte sin embargo el sonido de los

chorros de lluvia dorada y el olor de las mierdas que se deslizan en los

sanitarios contiguos. Libre. Ocupado. Una vez cerrada la puerta, un inodoro

blanco de entre 40 y 50 centímetros de alto, como si se tratara de un taburete de

cerámica perforado que conecta nuestro cuerpo defecante a una invisible

cloaca universal (en la que se mezclan los desechos de señoras y caballeros),

nos invita a sentarnos tanto para cagar como para mear. El váter femenino

reúne así dos funciones diferenciadas tanto por su consistencia (sólido/líquido),

como por su punto anatómico de evacuación (conducto urinario/ano), bajo una

misma postura y un mismo gesto: femenino=sentado. Al salir de la cabina

reservada a la excreción, el espejo, reverberación del ojo público, invita al

retoque de la imagen femenina bajo la mirada reguladora de otras mujeres.

Crucemos el pasillo y vayamos ahora al baño de caballeros. Clavados a la

pared, a una altura de entre 80 y 90 centímetros del suelo, uno o varios urinarios

se agrupan en un espacio, a menudo destinado igualmente a los lavabos,

accesible a la mirada pública. Dentro de este espacio, una pieza cerrada,

separada categóricamente de la mirada pública por una puerta con cerrojo, da

acceso a un inodoro semejante al que amuebla los baños de señoras. A partir

de principios del siglo XX, la única ley arquitectónica común a toda

construcción de baños de caballeros es esta separación de funciones: mear-de

pie-urinario/cagar-sentado-inodoro. Dicho de otro modo, la producción eficaz de

la masculinidad heterosexual depende de la separación imperativa de

genitalidad y analidad. Podríamos pensar que la arquitectura construye barreras

cuasi naturales respondiendo a una diferencia esencial de funciones entre

hombres y mujeres. En realidad, la arquitectura funciona como una verdadera

prótesis de género que produce y fija las diferencias entre tales funciones

biológicas. El urinario, como una protuberancia arquitectónica que crece desde

la pared y se ajusta al cuerpo, actúa como una prótesis de la masculinidad

facilitando la postura vertical para mear sin recibir salpicaduras. Mear de pie

públicamente es una de las performances constitutivas de la masculinidad

heterosexual moderna. De este modo, el discreto urinario no es tanto un

instrumento de higiene como una tecnología de género que participa a la

producción de la masculinidad en el espacio público. Por ello, los urinarios no

están enclaustrados en cabinas opacas, sino en espacios abiertos a la mirada

colectiva, puesto que mear-de-pie-entre-tíos es una actividad cultural que

genera vínculos de sociabilidad compartidos por todos aquellos, que al hacerlo

públicamente, son reconocidos como hombres.

Dos lógicas opuestas dominan los baños de señoras y caballeros. Mientras el

baño de señoras es la reproducción de un espacio doméstico en medio del

espacio público, los baños de caballeros son un pliegue del espacio público en

el que se intensifican las leyes de visibilidad y posición erecta que

tradicionalmente definían el espacio público como espacio de masculinidad.

Mientras el baño de señoras opera como un mini-panópticon en el que las

mujeres vigilan colectivamente su grado de feminidad heterosexual en el que

todo avance sexual resulta una agresión masculina, el baño de caballeros

aparece como un terreno propicio para la experimentación sexual. En nuestro

paisaje urbano, el baño de caballeros, resto cuasi-arqueológico de una época

de masculinismo mítico en el que el espacio público era privilegio de los

hombres, resulta ser, junto con los clubes automovilísticos, deportivos o de caza,

y ciertos burdeles, uno de los reductos públicos en el que los hombres pueden

librarse a juegos de complicidad sexual bajo la apariencia de rituales de

masculinidad.

Pero precisamente porque los baños son escenarios normativos de producción

de la masculinidad, pueden funcionar también como un teatro de ansiedad

heterosexual. En este contexto, la división espacial de funciones genitales y

anales protege contra una posible tentación homosexual, o más bien la condena

al ámbito de la privacidad. A diferencia del urinario, en los baños de caballeros,

el inodoro, símbolo de feminidad abjecta/sentada, preserva los momentos de

defecación de sólidos (momentos de apertura anal) de la mirada pública. Como

sugiere Lee Edelman (4), el ano masculino, orificio potencialmente abierto a la

penetración, debe abrirse solamente en espacios cerrados y protegidos de la

mirada de otros hombres, porque de otro modo podría suscitar una invitación

homosexual.

No vamos a los baños a evacuar sino a hacer nuestras necesidades de género.

No vamos a mear sino a reafirmar los códigos de la masculinidad y la feminidad

en el espacio público. Por eso, escapar al régimen de género de los baños

públicos es desafiar la segregación sexual que la moderna arquitectura urinaria

nos impone desde hace al menos dos siglos,: público/privado, visible/invisible,

decente/obsceno, hombre/mujer, pene/vagina, de-pie/sentado, ocupado/libre…

Una arquitectura que fabrica los géneros mientras, bajo pretexto de higiene

pública, dice ocuparse simplemente de la gestión de nuestras basuras

orgánicas. BASURA>GÉNERO. Infalible economía productiva que transforma la

basura en género. No nos engañemos: en la máquina capital-heterosexual no se

desperdicia nada. Al contrario, cada momento de expulsión de un desecho

orgánico sirve como ocasión para reproducir el género. Las inofensivas

máquinas que comen nuestra mierda son en realidad normativas prótesis de

género.



(1). Utilizo aquí la expresión de Teresa De Lauretis para

definir el conjunto de instituciones y técnicas, desde el cine

hasta el derecho pasando por los baños públicos, que

producen la verdad de la masculinidad y la feminidad.

Ver: Teresa De Lauretis, Technologies of Gender,

Bloomington, Indiana University Press, 1989.



(2).Ver: Dominique Laporte, Histoire de la Merde,

Christian Bourgois Éditeur, Paris, 1978; y Alain Corbin, Le

Miasme et la Jonquille, Flammarion, Paris, 1982.



(3). Judith Halberstam, "Techno-homo: on bathrooms,

butches, and sex with furniture," in Jenifer Terry and

Melodie Calvert Eds., Processed Lives. Gender and

Technology in the Everyday Life, Routledge, London and

New York, 1997, p.185.



(4). Ver: Lee Edelman, "Men's Room" en Joel Sanders, Ed.

Stud. Architectures of Masculinity, New York, Princeton

Architectural Press, 1996, pp.152-161.

viernes, 18 de mayo de 2012

Judith Butler, sobre el movimiento Occupy.

¿Las reivindicaciones deben ser tales que puedan satisfacerse?

"Esto suena razonable, desde luego, pero quienquiera que defienda que las reivindicaciones deben ser susceptibles de ser satisfechas supone que existe alguien o algún poder institucional al que se puede recurrir para que satisfaga nuestras reivindicaciones. Las negociaciones sindicales que se apoyan en una amenaza de huelga suelen plantear una plataforma reivindicativa que, si se satisface, evitará la huelga, o si no, dará pie a que se convoque o se prolongue. Pero cuando una empresa o un Estado no se consideran un interlocutor válido para negociar, no tiene sentido apelar a esa autoridad para llegar a un acuerdo negociado. De hecho, acudir a dicha autoridad para que satisfaga una reivindicación sería una manera de atribuirle legitimidad. Por tanto, formular reivindicaciones que puedan ser satisfechas depende fundamentalmente de la atribución de legitimidad a quienes tienen el poder de satisfacer las demandas. Y cuando uno deja de formular demandas a esas autoridades, como ocurre en la huelga general, entonces denuncia su falta de legitimidad. Esta es una importante contribución de Gayatri Chakravorty Spivak a la teoría de Occupy." J.B.

BLOOD SCRIPT 2008 - Mary Coble



Live Performance and Installation at PULSE, Pier 40, New York City, New York

Duration: 16 Hours

Photo Credit: Kenny George, MC

miércoles, 9 de mayo de 2012

Jesusa Rodríguez explica la etimología de "tortillera"

Teresa Forcades: feminismo y liberación (prueba)

Ah, las monjas produjeron tantas cosas nocivas en mi vida, pero bueno, de repente una escucha la voz de la monja catalana feminista y de repente... de repente... tal vez una pueda abrir su cabeza atea y particularmente cerrada a entender otras posibilidades. "¡Virgen María házte feminista!" ¿Será que se escuchan nuestras sacrílegas plegarias?

LOBAS FURIOSAS: El Gran Dictador - Discurso Final

LOBAS FURIOSAS: El Gran Dictador - Discurso Final

LOBAS FURIOSAS: libertad pussy riot desde mexico.mov Virgen María ...

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Aristegui - Jesusa Rodriguez (OBRA "Primero sueño") 1/2

Jesusa, lindas palabras.

jueves, 26 de abril de 2012

Briggitte Luis Guillermo, literatura y ciencia.

Presentación en el Seminario "Del Black is beautiful a la desustanciación del sujeto del feminismo. Una mirada a la política de identidad en A.L."

“...estrategias de transformación, más que de resistencia, y saber que la máxima de los años setenta, que decía: mi cuerpo es un campo de batalla, sigue estando vigente. Nuestro cuerpo sí es un campo de batalla, pero también es un arma de batalla."

Sayak Valencia. Transfeminismo desde la otra orilla. (Coloquio)1


Hace poco, en alguna charla en internet, de esas que se establecen en, respecto a, después de, ciertas publicaciones, una amiga escribió "¿Qué es ser mujer? Una extraña alucinación que aveces cuesta la vida. Una invención que produce hambre, un espejismo que da miedo, una mentira amenazada de violación, una mala fantasía que se viste de novia, un mal sueño y el grito al despertar, ahogado."2 Le he dado vueltas desde entonces a ésto y yo no hago parte de ese aveces, a mí, ser mujer no me ha costado la vida, me la ha salvado. Reivindico constantemente mi categoría de mujer, porque ha sido a través de encontrarme allí y preguntarme por ese lugar y sus implicaciones que me he encontrado con las teorías y prácticas feministas, porque ha sido desde allí que me he preguntado por mi quehacer desde las prácticas artísticas y porque me he construido y me seguiré construyendo desde ese espacio, claro, entendiendo sus opresiones, pero también todo lo que me ha posibilitado y estoy segura me posibilitará, no sólo para hacerle resistencia a un sistema lleno de injusticias, sino porque también encuentro en esa categoría una estrategia poderosísima de transformación. Mi cuerpo construido como cuerpo de mujer es mi arma de batalla, es el espacio en donde y desde donde emprendo mis luchas por mejores mundos posibles.


Así como he encontrado en la categoría mujer, sin esencialismos, sino en una constante revisión de la misma, un arma de batalla como lo nombra Sayak Valencia, mi cuerpo de mujer no es un único, inmóvil y unidimensional espacio, es un cuerpo de mujer lesbiana, blanca-mestiza, clase media, profesional, trabajadora, latina... y es en el acercarmiento a entender esa amplitud lo que considero potencialmente transformador y liberador.


Creo firmemente en el trabajo colectivo, en el trabajo a varias manos, en las acciones conjuntas, en el encuentro con los otros, con nos-otros, así que por eso digo que para mí ha sido crucial el entenderme atravesada por unas categorías que se han convertido en mi escudo y en mi arma, pero entiendo también que para muchas otras, estas categorías han sido las razones de las violencias vividas, de muertes, de vidas mutiladas.


Por esta razón mi trabajo desde las prácticas artísticas (soy Maestra en Artes Visuales, con énfasis en expresión audiovisual, egresada de la Universidad Javeriana de Bogotá) y desde el pensamiento y prácticas feministas, ha consistido en usar estratégicamente las categorías que atraviesan mi cuerpo y el de muchas otras, apropiando esos lugares que nos han confinado al silencio y convertirlos en espacios de lucha y visibilización, a través de resignificarlos y abanderarnos con ellos. Entiendo que las categorías que han dividido a los cuerpos según supuestos de sexo, raza, género, práctica sexual y clase han implicado grandes violencias e injusticias y así mismo entiendo que nosotras, esos cuerpos no hegemónicos, podemos “utilizar nuestras posiciones de sujetos «abyectos» (esos «malos sujetos»…) para hacer de ello lugares de resistencia al punto de vista «universal», a la historia blanca, colonial y hetero de lo «humano ».”3



Desde hace casi dos años he venido desarrollando mi proyecto "¿Dijo usted lesbiana? Las palabras y los cuerpos, representaciones de los cuerpos lesbianos"4 y desde hace algunos meses, el proyecto colectivo "Lobas Furiosas"5, en el intento de hacer resistencia desde allí y de propiciar espacios de transformación, de liberación de nuestros cuerpos, de encuentro con otras perspectivas y acercamientos a las prácticas feministas, al pensamiento feminista, a las prácticas artísticas, a la configuración de movilizaciones sociales y de construcción de nuestros modos de vida. Tanto el proyecto que he venido realizando como particular, tanto desde la investigación como desde la creación de imágenes, así como el proyecto con la Colectiva, me han significado la confirmación de mi gusto por la construcción de saberes desde diferentes lugares, desde los debates, la generación de imágenes, las conversaciones, las lecturas en conjunto, las lecturas en solitario, el compartir información, y la generación de lazos afectivos y de cuidado entre nosotras, y el encuentro de luchas en común que se han convertido en hilos conductores de nuestro cotidiano.



He entrado a este seminario porque en el encuentro con otras perspectivas, soy consciente de mi poco conocimiento, de mis pocos referentes latinoamericanos, de movilizaciones aquí, cercanas, que nos den luces de cómo podemos actuar, de nuestras circunstancias, y de cómo otras se han enfrentado a ello. Mi primer encuentro con el pensamiento feminista está íntimamente ligado a las corrientes europeas y norteamericanas, que sin duda me han sido un horizonte maravilloso de investigación, pero que se han quedado cortas a la hora de entender especificidades de mi contexto. Pienso que este seminario será un lugar muy importante para construir conocimiento en conjunto respecto al espacio que ocupamos como latinas y que creo pertinente apropiarnos, reconocerlo y conocernos desde allí.



1. http://www.youtube.com/watch?v=OttbJ167U6s&feature=relmfu (Son 8 videos, están completos en youtube)

2. http://lobasfuriosas.blogspot.com/2012/02/que-es-ser-mujer-camila-esguerra.html

3. Beatriz Preciado. “Multitudes queer :Notas para una política de los «anormales».”

4. http://www.youtube.com/watch?v=uzh88unLPig (Video registro inserciones carteles en chapinero "¿Dijo usted lesbiana?"

http://www.flickr.com/photos/aliasangelita/

http://www.flickr.com/photos/humanegro/

http://www.pikaramagazine.com/?p=3822

5. http://www.facebook.com/groups/296958646988446/

http://lobasfuriosas.blogspot.com/

El jaguar y la telepatina